ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

LA RESPUESTA DEL HOMBRE

 
NUESTRA RESPUESTA
 
 

A DIOS

“Creen en Dios, crean también en Mí” (Juan 14, 1)

 ¿QUÉ ES LA FE?

La Sagrada Escritura nos habla de “obediencia de la fe”, y la entiende como “adhesión a Dios”. La fe es la adhesión personal del hombre a Dios y  el asentimiento libre a la verdad que Dios nos ha revelado.

El único objeto de nuestra fe es Dios, porque Dios es el único ser en quien los seres humanos podemos confiar y a quien podemos entregarnos sin temor.

Los católicos creemos en Dios Padre, que nos creó y envió a su Hijo al mundo para salvarnos. Creemos en Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Salvador. Y creemos en el Espíritu Santo que nos revela quién es Jesús y cuál es su misión.

CARACTERÍSTICAS DE LA FE

La fe es, en primer lugar, un don de Dios, una gracia, una virtud sobrenatural, que Dios mismo infunde en nuestro corazón.

Pero es también un acto humano, plenamente libre y consciente. Un acto humano que nos lleva a aceptar a Dios como nuestro Creador y Padre, a ponernos en sus manos y a entregarle nuestra vida.

Dios nos comunica el don de la fe en el Bautismo, como una semilla, y nosotros tenemos que hacerlo crecer y fructificar con nuestras buenas obras.

Para vivir en la fe, crecer y perseverar en ella, es necesario alimentarnos con la Palabra de Dios, mantenernos unidos a la fe de toda la Iglesia, y orar con insistencia a Dios pidiéndole que nos la aumente.

LA FE Y LAS OBRAS

Pero la fe no puede ser algo abstracto, sin fundamento en la realidad. La fe que decimos tener se hace realidad, se muestra como verdadera fe, en nuestro comportamiento de cada día.

Tener fe, creer, no nos puede dejar permanecer encerrados en nosotros mismos, ciegos a la realidad que nos rodea. Todo lo contrario. Tener fe, creer, nos exige llevar una vida conforme a esa fe, es decir, actuar de una manera determinada. La fe nos pide obras que estén de acuerdo con el mensaje de amor y de misericordia que Dios nos comunica al revelársenos; obras que hagan realidad en actitudes y en actos, las enseñanzas y el ejemplo de Jesús.

El apóstol Santiago nos dice: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: ‘Tengo fe’, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de ustedes les dice: ‘Váyanse en paz, caliéntense y llénense’, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras está realmente muerta” (Santiago 2, 14-17).

MODELOS DE FE

La Sagrada Escritura nos presenta muchos personajes que por su vida son para nosotros testigos y modelos de una fe auténtica. Entre estos personajes podemos destacar a Abrahán y a María.

San Pablo, en su Carta a los Romanos, llama a Abrahán “padre de los creyentes” (cf. Romanos 4, 11). La Carta a los Hebreos, que hace un gran elogio de la fe de los antiguos patriarcas, habla de su vida como un continuo acto de fe. Dice: “Por la fe, Abrahán obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber adonde iba. Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la tierra prometida… Por la fe, Sara recibió vigor para ser madre… Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, presentó a Isaac como ofrenda…” (Hebreos 11, 8.9a.11a.17a.).

María, por su parte, es quien realiza de la manera más perfecta, la obediencia de la fe. Acogió el anuncio del ángel e inmediatamente dio su asentimiento: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38). Por eso Isabel la saludó con la alabanza “¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te fueron dichas de parte de Dios!” (Lucas 1, 45).

La fe de María nunca vaciló. Ni siquiera cuando vio a Jesús, su Hijo, padecer y morir en la cruz. Permaneció firme, llena de confianza en Dios.

LA FE DE LA IGLESIA

Aunque la fe es un acto personal, libre y consciente, nunca es un acto aislado. Nadie puede creer solo, así como nadie puede vivir solo. Todo el que cree ha recibido la fe de otro o de otros, y debe, a su vez, comunicarla a otros.

La Iglesia, comunidad de fe, es la primera que cree, y a la vez, la que sostiene la fe particular de quienes somos parte de Ella.

Para entrar a ser parte de la Iglesia recibimos el Bautismo, y en el Bautismo Dios nos da la fe. Después, la Iglesia forma nuestra fe, nos instruye, y nos impulsa a confesarla con nuestra vida, si es necesario.

A lo largo de los siglos y hasta el final de los tiempos, la Iglesia ha guardado y conservado, y seguirá haciéndolo, el tesoro de la fe, para transmitirlo de generación en generación. Por eso decimos que la Iglesia es la madre de los creyentes.

La fe de la Iglesia, nuestra fe, es siempre una y permanece intacta, a pesar de la diversidad de los tiempos, de las culturas y de los hombres.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE 

Desde su nacimiento con los apóstoles, la Iglesia expresó y transmitió su fe en fórmulas breves y muy concretas. Más adelante, quiso recoger lo esencial de la fe en resúmenes orgánicos y articulados, destinados principalmente a preparar a quienes iban a recibir el Bautismo. Estas síntesis de la fe reciben los nombres de “Profesiones de fe”, “Símbolos de la Fe”, y “Credo”, tres expresiones que significan lo mismo.

Entre todos los Símbolos de la Fe de las diferentes épocas de la historia de la Iglesia, se destaca el llamado “Credo de los Apóstoles”, porque resume fielmente la fe de los apóstoles y la Iglesia primitiva.

Cuando rezamos el Credo, entramos en comunión con Dios y con toda la Iglesia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: