ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

SEGUNDO MANDAMIENTO

NO JURES

POR EL SANTO NOMBRE DE DIOS 

EN VANO 

“No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso” (Deuteronomio 5,11)

“Han oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo les digo que no juren en modo alguno… Sea tu lenguaje ‘si’, ‘si’; ‘no’, ‘no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mateo 5, 33-37).

El segundo mandamiento nos pide respetar el nombre de Dios. Este respeto al nombre de Dios es parte fundamental del mandamiento más general: Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Es evidente que si amamos a Dios, sabremos respetar su nombre y todo lo que tiene relación con El.

EL NOMBRE DEL SEÑOR ES SANTO

Cuando Dios se presentó a Moisés en la zarza ardiente, Moisés le preguntó su nombre para decirlo a los israelitas. “Dijo Moisés a Dios: ‘Si voy a los israelitas y les digo: El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes; cuando me pregunten: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?’ Dijo Dios a Moisés: ‘Yo soy el que soy. Y añadió: Así dirás a los israelitas: ’Yo soy’ me ha enviado a ustedes’” (Éxodo 3, 13-14). La revelación del nombre de Dios es un hecho singular. Dios revela su nombre sólo a quienes creen en El, y al hacerlo les hace presente también su misterio personal.

Los israelitas tuvieron siempre en gran respeto el nombre de Dios, y ese respeto lo llevó incluso a abstenerse de pronunciarlo. El nombre de Dios es santo como El mismo es santo, por eso el hombre no puede usar mal de él, sino que debe guardarlo en la memoria en un silencio de adoración amorosa, sólo puede referirse a él para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo. En el Salmo 113 leemos:

“¡Alaben, servidores de Yahvé, alaben el nombre de Yahvé! ¡Bendito sea el nombre de Yahvé, desde ahora y por siempre!” (Salmo 113, 1-2).

Respetar el nombre de Dios es respetar su Persona, su Misterio, y toda la realidad sagrada.

Jesús dio un sentido nuevo y más profundo al segundo mandamiento, cuando en el Sermón de la Montaña dijo: “Han oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo les digo que no juren en modo alguno… Sea tu lenguaje ‘si’, ‘si’; ‘no’, ‘no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mateo 5, 33-37).

Con estas palabras Jesús nos enseña que todo juramento implica una referencia a Dios y que la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada siempre, por eso es necesario ser discretos a la hora de emitir un juramento.

El juramento es permitido cuando se hace por una causa grave y justa, como por ejemplo, ante un Tribunal. El Código de Derecho Canónico dice sobre esto: “El juramento, es decir, la invocación del Nombre de Dios como testigo de la Verdad, sólo puede prestarse con verdad, con sensatez y con justicia” (Código de derecho Canónico, Canon 1199, 1).

PECADOS CONTRA EL SEGUNDO MANDAMIENTO

Son pecados contra el segundo mandamiento, el ABUSO del nombre de Dios, la BLASFEMIA, el PERJURIO y el JURAMENTO EN FALSO.

Se ABUSA del nombre de Dios cuando se usa el nombre de Dios, de Jesús, de la Virgen o de los Santos, de manera inconveniente o por cuestiones de poca importancia.

Se BLASFEMA cuando se profieren contra Dios -interior o exteriormente-, palabras de odio, de reproche, o de desafío; cuando se injuria a Dios, cuando se le falta al respeto con el uso de expresiones inapropiadas, y cuando se abusa de su nombre o de su persona o del nombre, la persona, o la figura de Jesús, la Virgen y los Santos, y cuando se irrespeta a la Iglesia y a las personas y elementos sagrados.

Igualmente se considera BLASFEMIA abusar del nombre de Dios para justificar conductas criminales, para torturar o dar muerte, y para someter a los pueblos a esclavitud, como ocurre en las GUERRAS DE RELIGIÓN y en los FANATISMOS RELIGIOSOS.

Se PERJURA, es decir, se comete PERJURIO, cuando se falta a las promesas hechas a otros en nombre de Dios, o cuando se hacen promesas sin intención de cumplirlas, porque se comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad de Dios.

Se JURA EN FALSO cuando se pone a Dios por testigo de algo que no es verdad, porque Dios es la Verdad misma. 

 

 

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