ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

QUINTO MANDAMIENTO

NO MATES

 

“No matarás” (Éxodo 20, 13)

“Han oído que se dijo a sus antepasados: “No matarás”, y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mateo 5, 21-22)

 

 

“Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3, 15)

 

EL RESPETO A LA VIDA HUMANA

La vida humana es sagrada, porque es obra de Dios, y Dios es su fin. Nadie, en ninguna circunstancia, tiene derecho a matar directamente a un ser humano inocente.

La Sagrada Escritura nos hace patente este valor inconmensurable de la vida humana, de un modo especial en el relato del asesinato de Abel por parte de su hermano Caín, en el libro del Génesis. “Dios dijo a Caín: ‘¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien, maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano…’” (Génesis 4, 10-11).

El homicidio voluntario de un inocente, es gravemente contrario a la dignidad del ser humano y a la santidad de Dios Creador, Dueño y Señor de la vida, en todas sus formas. Esta ley es universal: nos obliga a todos y en todas partes.

En el Sermón de la Montaña, Jesús recuerda el mandamiento: “No matarás” (Mateo 5, 21), y añade la necesidad de rechazar la ira, el odio y la venganza, que son una ofensa contra el hermano, y que en muchos casos pueden llevarnos al asesinato. Más aún, nos exige amar a los enemigos (Mateo 5, 44), y “poner la otra mejilla” cuando alguien nos ofende (Mateo 5, 39).

La legítima defensa de la propia vida, exige, para que sea lícita, que quien se defiende de un agresor que lo ataca, sea mesurado en su reacción, y no ejerza más violencia de la necesaria para preservar su integridad.

La pena de muerte, que todavía subsiste en algunos países del mundo, es un recurso extremo al que no se debe recurrir.

EL HOMICIDIO VOLUNTARIO

El quinto mandamiento condena como pecado grave, el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él, cometen un pecado grave. Particularmente graves son el infanticidio, el fratricidio, el parricidio, y el homicidio del cónyuge.

También prohibe el quinto mandamiento, todo lo que se haga para provocar indirectamente la muerte de alguien, negar la asistencia debida a una persona en peligro de muerte, y poner en grave riesgo mortal a alguien. Igualmente, es falta grave, la aceptación por la sociedad del hambre en el mundo, que provoca tantas muertes, particularmente de niños y ancianos, sin hacer nada para remediarlo.

EL ABORTO

La vida humana debe ser protegida y respetada desde el momento de la concepción. Cooperar de alguna manera en un aborto provocado, es falta grave, y la Iglesia sanciona con la pena de EXCOMUNIÓN este delito contra la vida humana.

El embrión no es parte del cuerpo de la madre, y por lo tanto, ni ella misma puede disponer de él. Es una vida humana aparte, y como vida humana merece respeto y atención, incluyendo el cuidado médico que sea posible, cualquiera sea su condición. Saber que existe una malformación o una enfermedad hereditaria grave en el embrión, no justifica de ninguna manera el aborto, porque toda vida humana es valiosa en sí misma, por débil que parezca.

Es inmoral producir embriones humanos en laboratorios, destinados a ser explotados como “material biológico” disponible para experimentos. Igualmente, es inmoral toda manipulación genética que pretenda la “producción” de seres humanos “superiores” con determinadas características; son acciones francamente opuestas a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad.

LA EUTANASIA

Se llama eutanasia a la acción de poner fin a la vida de una persona que está disminuida, enferma o moribunda, cualesquiera sean los motivos y los medios utilizados.

La eutanasia es moralmente inaceptable, porque toda vida es valiosa, aunque esté limitada, y es preciso cuidarla y protegerla. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas de tal manera que puedan llevar una vida lo más normal posible. Toda acción u omisión que provoque la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio.

Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser interrumpidos. En cambio, los cuidados extraordinarios, peligrosos, desproporcionados, y costosos, sí pueden ser suprimidos legítimamente, pues no se busca con ello provocar la muerte, sino que simplemente se acepta que no se puede impedir.

Todas las decisiones que sea necesario tomar, deben ser consultadas al paciente, si está en capacidad de decidir, y si no lo está, a las personas que legalmente tienen derecho a hacerlo, pero siempre se debe tener en cuenta la voluntad razonable del paciente y sus intereses legítimos.

EL SUICIDIO

Los seres humanos somos administradores y no propietarios de la vida que tenemos, por eso, no podemos disponer de ella. El suicidio es francamente contrario al amor de Dios y del prójimo. Cooperar al suicidio de otra persona es moralmente malo.

Los trastornos síquicos y las situaciones límites que sumen a muchas personas en la angustia, disminuyen la responsabilidad del suicida.

EL RESPETO A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Íntimamente vinculado al amor y respeto por la vida humana, está el respeto a la dignidad de la persona humana; en este sentido, también son contrarios al quinto mandamiento, todas las actitudes y los comportamientos que de alguna manera vayan contra esta dignidad.

En primer lugar, el respeto a la dignidad de la persona humana exige EL RESPETO A LA SALUD, y por lo tanto, es malo moralmente todo lo que signifique poner en peligro la vida y la salud, propias o ajenas. Sin embargo hay que evitar caer en el exceso de considerar el cuerpo y la vida corporal como un valor absoluto y “rendir culto al cuerpo”, sacrificando todo por él y buscando a toda costa la perfección física.

Es falta grave, por ejemplo, practicar deportes peligrosos, que están tan en boga entre nosotros; conducir carro, bicicleta, moto, o cualquier otro vehículo, en estado de embriaguez, o a velocidades altas, porque no sólo se pone en peligro la propia vida, sino también la de las personas que nos acompañan, y la de los transeúntes. Y abusar de la comida, el alcohol, el tabaco y las medicinas. Igualmente, es falta grave la producción, el tráfico y el consumo de drogas alucinógenas, que afectan gravemente la salud y comprometen incluso la vida.

En segundo lugar, el respeto a la dignidad de la persona humana exige EL RESPETO A LA VIDA, LA SALUD Y EL CUERPO DE LAS PERSONAS EN LAS INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS. Esto significa, que toda investigación científica en el campo médico o sicológico, debe estar siempre al servicio de la persona y tener en cuenta sus derechos inalienables y su bien verdadero e integral, conforme con el designio de Dios Creador; ningún experimento puede ser realizado sin el consentimiento de la persona que en él participa, o si pone en riesgo su vida o su salud física o mental.

El trasplante de órganos es aceptable moralmente, pero es necesario que el donante o sus representantes (generalmente los familiares inmediatos), hayan dado su consentimiento libre. No es admisible cuando causa la mutilación que deja inválido al donante o produce su muerte.

En tercer lugar, el respeto a la dignidad de la persona humana exige EL RESPETO A LA INTEGRIDAD CORPORAL. Esto significa que el secuestro, tomar rehenes, el terrorismo y la tortura son faltas graves contra el respeto a la dignidad de las personas. Y lo mismo ocurre con la mutilaciones y esterilizaciones voluntarias o mandadas, cuando no son de orden médico y buscan la salud.

En cuarto lugar, el respeto a la dignidad de la persona humana exige EL RESPETO A LOS MUERTOS. Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección, por todos aquellos que de una u otra manera tienen que relacionarse con ellos. Además, enterrar a los muertos es una obra de misericordia.

LA BÚSQUEDA Y DEFENSA DE LA PAZ

El amor y respeto a la vida humana, nos pide a todos, trabajar incansablemente por la paz en todos los grupos humanos, empezando por la familia, y extendiéndonos a las comunidades de los barrios, a los pueblos y ciudades, al país y al mundo. De un modo especial están llamados a buscar y defender la paz, las autoridades civiles y militares, por el papel que desempeñan en la sociedad.

La paz no es sólo ausencia de guerra. La paz es defensa de los derechos de todos las personas, sin importar su condición, es justicia social, es tolerancia, es comprensión y aceptación de las diferencias, es desarrollo equilibrado de los pueblos, es fraternidad, solidaridad, servicio.

La verdadera paz procede de Jesús, el “Príncipe de la paz”, enviado al mundo como Salvador de la humanidad. El dijo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 27-28).Se oponen gravemente a la paz, la ira que busca la venganza; el odio que desea el mal del prójimo, y la guerra, que causa males e injusticias irreparables.

Es de particular importancia, que todos los miembros de la sociedad, en el lugar que ocupemos en ella, hagamos todo lo que sea razonablemente posible, para evitar la guerra que destruye la vida y somete a los hombres a situaciones verdaderamente difíciles y dolorosas.

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