ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

OCTAVO MANDAMIENTO

NO MIENTAS  

“No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Éxodo 20, 16; Mateo 19, 18)

 LA VERDAD DE DIOS

El Antiguo Testamento proclama que Dios es la fuente de la verdad; su Palabra y su Ley son verdad: “Porque verdad es el susurro de mi boca, y mis labios abominan la maldad”, dice el libro de los Proverbios (Proverbios 8, 7).

Esta verdad de Dios se manifestó al mundo, plenamente, en Jesús, su Hijo, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1, 14), y que es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6).

Nosotros, los seguidores de Jesús, estamos llamados a permanecer en su Palabra, para conocer la verdad que nos hace libres y nos santifica: “Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Juan 8, 31-32). 

¿QUÉ ES LA VERDAD?

A grandes rasgos, podemos decir que la verdad es la concordancia, la conformidad entre lo que se dice y lo que existe en la realidad, lo que es. En este sentido, la verdad es rectitud de palabra y rectitud de acción, sinceridad y franqueza, certeza; la verdad es lo contrario de hipocresía, mentira, simulación, doblez.

La verdad genera confianza, seguridad, armonía, compañerismo, colaboración, solidaridad, amistad. La mentira, en cambio, da lugar a la desconfianza, la inseguridad, la división, la enemistad. Ser veraz es ser honesto, justo, respetuoso del otro, recto.

Las relaciones entre los hombres deben estar siempre regidas por la verdad, pues de lo contrario, se produce el desconcierto, y este desconcierto origina el descalabro de la sociedad.

DAR TESTIMONIO DE LA VERDAD

 Pero no siempre la verdad trae consigo la tranquilidad. Es muy frecuente que la verdad sea causa de situaciones dolorosas y conflictivas para quienes la dicen y defienden. En una sociedad que en gran parte vive de apariencias, la verdad puede dar lugar a problemas graves para quienes se hacen sus testigos.

Los cristianos debemos hablar siempre con verdad: “Sea su lenguaje: “Si, si”, “No, no”; que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mateo 5, 37). Y a dar testimonio de la verdad de Dios, con las palabras y con las obras, sin temor a dar hasta la vida por esta verdad. El MARTIRIO, dar la vida por la fe, es el testimonio supremo de la verdad.

OFENSAS A LA VERDAD

Son ofensas a la verdad, pecados contra el octavo mandamiento de la Ley de Dios: el falso testimonio y el perjurio, el juicio temerario, la maledicencia, la calumnia, la mentira, la vanagloria y la adulación.

El FALSO TESTIMONIO es una afirmación que contradice la verdad, dicha públicamente ante un tribunal. Si esta afirmación se hace bajo juramento se llama PERJURIO. Su malicia está ante todo, en que por ellas se puede condenar a un inocente, a disculpar a un culpable, o a aumentar la sanción del acusado. El falso testimonio y el perjurio son faltas contra la justicia.

El JUICIO TEMERARIO, la MALEDICENCIA y la CALUMNIA, son faltas contra la fama del prójimo, a la cual todos los seres humanos tenemos derecho, derivado de nuestra dignidad personal.

El JUICIO TEMERARIO es la imputación de un defecto moral al prójimo, sin tener para ello fundamentos suficientes.

La MALEDICENCIA es decir los defectos y faltas del prójimo a quienes los ignoran, sin tener para ello una razón válida.

La CALUMNIA es mentir sobre la fama del prójimo, dando ocasión a juicios falsos sobre ellos.

La MENTIRA es decir algo que no es verdad, con el fin de engañar. La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, las circunstancias en las que se dice, la intención de quien la dice, y los daños causados a quien la mentira perjudica. La mentira es pecado grave cuando va contra la justicia o contra la caridad.

La mentira es una FORMA DE VIOLENCIA contra los demás, porque atenta contra su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. En la sociedad, la mentira rompe todo el tejido de las relaciones entre los hombres y socava la confianza que naturalmente debe existir.

La ADULACIÓN, que busca halagar a una persona en su conducta, es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves.

La VANAGLORIA es una falta contra la humildad y contra la verdad.

Toda falta cometida contra la verdad, particularmente aquellas que van también contra la justicia o la caridad, debe ser reparada, lo mismo que las faltas contra la fama y el honor del prójimo.

EL RESPETO A LA VERDAD

Siempre se debe respetar la verdad, pero esto no significa que siempre deba decirse la verdad. Hay ocasiones en que, por circunstancias especiales, es importante examinar si conviene revelar la verdad a quien la pide, o callar.

En este sentido, es importante saber que si bien no se puede mentir nunca, el bien y la seguridad del prójimo, el respeto a la vida privada, y el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto que de alguna manera permita “ocultar” la verdad.

Igualmente, es importante saber “guardar” los secretos que se nos confían, salvo casos excepcionales en los cuales no revelarlos puede ser causa de grandes males. La vida privada de los demás debe ser respetada en su confidencialidad, y no divulgada, sin una razón grave.

Los medios de comunicación social, de los que disponemos ampliamente en nuestra actual sociedad, deben regirse siempre por el amor y el respeto a la verdad, a la libertad, a la justicia y a la solidaridad.

 

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