ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

PRIMER MANDAMIENTO

 

AMA A DIOS

SOBRE TODAS LAS COSAS  

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de la
servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de Mi” (Deuteronomio 5, 6-7).

“Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás, y a el sólo darás culto” (Mateo 4, 10).

La primera llamada y la justa exigencia que Dios nos hace a los seres humanos, es que lo acojamos como único Dios y lo amemos por encima de todo lo demás. El es nuestro Creador y nuestro Padre, nuestro Señor y Salvador, a El le debemos nuestra vida, nuestro ser, y el mundo en que vivimos, por eso es merecedor de nuestra consideración y respeto, de nuestro amor y nuestra fe.

EL AMOR QUE LE DEBEMOS A DIOS

A la pregunta que el Maestro de la Ley hizo a Jesús sobre el primer y más importante mandamiento, Jesús respondió con las palabras que aparecen en el Libro del Deuteronomio: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deuteronomio 6, 4, citado en Marcos 12, 29-30). De estas palabras de Jesús se deduce claramente cómo debe ser nuestro amor a Dios.

Debe ser un amor humilde, fervoroso, abierto, disponible; un amor que busca conocer al ser amado; un amor sin miedo ni vergüenza; un amor que sea entrega; un amor sin cobardía; un amor sin dudas; un amor que no es de meras palabras, sino, ante todo, un amor que se concreta en obras de amor y de servicio a los demás; un amor que va más allá de las ideas y de los sentimientos; un amor que es vida.

 El amor que le debemos a Dios debe ser un amor iluminado por la fe y la esperanza; un amor que nos haga capaces de vencer los obstáculos más difíciles con tal de mantenernos a su lado; un amor sin medida ni fronteras; un amor que hace pequeño todo lo demás, porque considera que lo único realmente importante es El; un amor que no hace cálculos ni busca ventajas.

Nuestro amor a Dios debe ser, finalmente, un amor que brota del corazón más que de la mente, un amor tierno y filial, como el que un niño siente por su padre; un amor desinteresado y fecundo, un amor que nos lleve a ser sus testigos aún a costa de nuestra propia vida.

EXPRESIONES DEL AMOR A DIOS 

Las expresiones de nuestro amor a Dios son la ADORACIÓN, la ORACIÓN, el SACRIFICIO, las PROMESAS y los VOTOS

Por ser quien es, Dios merece nuestra ADORACIÓN. Adorar a Dios es reconocerlo como Dios, como Creador, Señor y Dueño de todo lo que existe, y como nuestro Salvador. Es reconocer con respeto y sumisión que somos sus creaturas y que sólo existimos por El. Es alabarlo, exaltarlo y humillarnos ante El. La adoración de Dios nos libera del orgullo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.

La adoración trae de la mano la ORACIÓN. La oración es la elevación de nuestro espíritu a Dios para alabarlo por ser quien es, para darle gracias por lo que nos ha dado, para pedirle lo que necesitamos, y para llenarnos de su presencia amorosa y tratar de ser como El, siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mateo 5, 48).

También es justo ofrecer a Dios SACRIFICIOS en señal de adoración, de gratitud y de súplica. Los sacrificios son ofrendas especiales que se hacen a Dios, para conseguir el perdón de los pecados. En la Antigua Alianza se ofrecían a Dios en sacrificio ovejas y otros animales, en la Nueva Alianza se ofreció el Sacrificio de Jesús en la cruz como el único y verdadero Sacrificio, que se renueva en cada Eucaristía. Unidos a este Sacrificio de Jesús, nosotros podemos ofrecer a Dios nuestra vida y nuestro cuerpo, según las palabras de San Pablo a los Romanos: “Los exhorto hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será su culto espiritual” (Romanos 12, 1). Todo sacrificio, para ser auténtico debe manifestar un sentimiento de profunda contrición “Mi sacrificio es un espíritu contrito… “ (Salmo 51, 19) y hacer presentes el amor a Dios y el amor al prójimo: “Porque yo quiero amor, no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos” (Oseas 6, 6). 

El Bautismo, la Confirmación, el Matrimonio y el Orden Sacerdotal exigen siempre una PROMESA propia. Pero también pueden hacerse promesas por devoción personal. Se puede prometer a Dios una oración, una limosna, una peregrinación, y cualquier otra cosa que manifieste nuestro amor por El y nuestro deseo de servirlo.

El VOTO es una promesa deliberada y libre, un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios y le promete una obra buena. La Iglesia le da un valor especial a los votos que se refieren a los consejos evangélicos: castidad, pobreza y obediencia.

Las promesas y los votos deben ser cumplidos estrictamente. En algunos casos, la Iglesia puede dispensar su cumplimiento, por razones justas.

PECADOS CONTRA EL MANDAMIENTO DEL AMOR A DIOS 

Son muchos los pecados contra el primer mandamiento, pero entre ellos podemos destacar LA INCREDULIDAD, LA INDIFERENCIA Y EL ODIO A DIOS.

LA INCREDULIDAD es el menosprecio o rechazo de una verdad revelada por Dios. La incredulidad puede ser:

– HEREJÍA, cuando se niega una verdad que se debe creer.

– APOSTASIA, cuando siendo bautizado se rechaza toda la fe cristiana.

– CISMA, cuando se rechaza la sujeción a la autoridad del Papa o la comunión con los demás miembros de la Iglesia.

LA INDIFERENCIA consiste en desestimar, es decir, no valorar, el amor que Dios nos tiene, en despreciar la acción que El realiza en nosotros, y en negar su fuerza y su riqueza infinitas, y por lo tanto no corresponder a ese amor de Dios.

EL ODIO A DIOS tiene su origen en el orgullo y consiste en negar y maldecir la bondad y el amor de Dios porque condena el pecado, y porque se le hace responsable del sufrimiento que se descubre en el mundo.

Otros pecados contra este mandamiento son: la IDOLATRÍA, la SUPERSTICIÓN, la ADIVINACIÓN Y LA MAGIA, la IRRELIGIÓN, el ATEÍSMO y el AGNOSTICISMO.

LA IDOLATRÍA 

La idolatría es una perversión del sentido religioso que es innato en el hombre. Es una tentación constante de la fe que consiste en divinizar lo que no es Dios, es decir, dar a una creatura el lugar que sólo le corresponde a Dios. Pecado de idolatría fue el que cometieron los israelitas en el desierto, cuando con sus joyas fabricaron un becerro de oro y lo adoraron, tal como nos lo refiere el capítulo 32 del libro del Éxodo (cf. Éxodo 32, 1 ss).

El SATANISMO es idolatría, porque atribuye al demonio poderes de dios. El hombre de hoy suele divinizar también el poder, el dinero, el placer, la fama, la raza, los bienes materiales, e incluso a algunas personas, y al hacerlo se aleja del verdadero Dios y lo niega.

LA SUPERSTICIÓN 

La superstición es una desviación del sentimiento y de las prácticas religiosas dándoles un sentido mágico, atribuyéndoles poderes que en sí mismas no tienen y desvinculándolas de las disposiciones interiores que exigen. Superstición es, por ejemplo, rezar una oración particular pensando que hacerlo da buena suerte, o lo que sucede hoy con el Salmo 90, al que se le atribuye un poder de protección que él no tiene en sí mismo y que depende únicamente de Dios. Muchas personas consideran que mantener en un lugar importante de la casa la Biblia abierta en este Salmo, los libra de los ladrones.

Cabe también aquí señalar ciertas prácticas comunes en nuestra época, que desvirtúan el verdadero sentido y valor de los signos y objetos sagrados, y que se constituyen en prácticas supersticiosas porque dan a estos objetos un poder mágico que no poseen. Se trata, por ejemplo, de la costumbre de llevar un escapulario en el pie, como medio de protección contra los peligros; o la costumbre de colocar las imágenes de la Virgen y de los Santos contra la pared, o boca-abajo, como medio de “presión” para que “hagan un milagro” o “consigan un favor” determinado; el uso del crucifijo al cuello como elemento indispensable para tener buena suerte, y otras cosas por el estilo.

Generalmente las personas que acostumbran estas cosas, se fijan muy poco en lo que es realmente esencial: Cómo son sus relaciones con Dios, cómo es su fe, cómo reflejan en su vida el amor que deben a Dios, etc.

ADIVINACIÓN Y MAGIA 

También prohibe el primer mandamiento toda forma de ADIVINACIÓN del futuro como los horóscopos, las cartas astrales, el Tarot, el I Ching, la quiromancia, la lectura del cigarrillo, de la taza de te o chocolate, etc., etc., así como el recurso a los muertos o a los demonios, mediante “mediums”, lo que conocemos como ESPIRITISMO. Se trata en estos casos de una forma de buscar la protección y la ayuda de “poderes ocultos” distintos a Dios, a quienes se les concede la capacidad de dirigir y orientar el destino del hombre.

Igualmente, el primer mandamiento prohibe todas las prácticas de MAGIA y HECHICERÍA, con las que se busca manipular los “poderes ocultos” para obtener un poder sobrenatural sobre las personas y las cosas, ya sea para hacerles un bien (magia blanca), y mucho más cuando se trata de hacerles un mal (magia negra).

También son reprobables las costumbres impuestas actualmente por el movimiento de la Nueva Era, que pretenden, mediante el uso de velas de colores, piedras y cristales de colores, y esencias de diferentes clases, “proteger” a las personas de toda clase de males, y proporcionarles un bienestar “permanente”, éxito rotundo en todas las actividades que emprendan, salud, dinero y amor. Es mera charlatanería, que pretende prescindir totalmente de Dios como Creador del mundo y Señor del hombre y de la historia.

La Sagrada Escritura es clara cuando nos dice sobre todas estas prácticas: “No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que practique adivinación, astrología, hechicería o magia, ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos. Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahvé tu Dios…” (Deuteronomio 18, 10-12). 

LA IRRELIGIÓN

La irreligión es la carencia de la virtud de la religión que nos lleva a creer en Dios y a amarlo sobre todas las cosas. Son pecados de irreligión, TENTAR A DIOS con palabras o con obras, el SACRILEGIO y la SIMONIA.

TENTAR A DIOS es poner a prueba, de palabra o de obra, la bondad y la omnipotencia de Dios. Es lo que Satanás hizo con Jesús cuando le propuso que se arrojara del Templo de Jerusalén y así obligara a Dios a actuar en su favor, según nos lo refieren los Evangelios: “Entonces el diablo lo lleva consigo a la Ciudad Santa, lo pone sobre el alero del Templo, y le dice: ‘Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en tus manos te llevará, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’ ” (Mateo 4, 5-6).El SACRILEGIO es profanar o tratar indignamente los Sacramentos y las acciones litúrgicas, las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios.

La SIMONIA es la compra o venta de cosas espirituales. Este nombre proviene de Simón el Mago, que ofreció a los apóstoles comprar su “poder” de obrar milagros y de “comunicar” el Espíritu Santo, que pertenece sólo a Dios. Los Hechos de los Apóstoles nos lo refieren así: “Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero diciendo: ‘Dénme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos’. Pedro le respondió: ‘Vaya tu dinero a la perdición y tú con él, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero…’ “ (Hechos de los Apóstoles 8, 18-20). 

El dinero que damos en la iglesia por la celebración de una Misa o por la celebración de otro Sacramento, o de un acto de culto, es una ofrenda justa, con la cual ayudamos al sostenimiento de los Ministros del Señor, porque “El obrero merece su salario” (Mateo 10, 10). No es, en ningún caso, un “pago” por una “compra”, o por la comunicación de un “poder”.

EL ATEÍSMO 

El ATEÍSMO es la negación o el rechazo de Dios. Esta negación o rechazo adquiere diversas formas en el momento actual y entre ellas podemos destacar:

1. EL MATERIALISMO PRACTICO que limita todo al espacio y al tiempo, y no acepta ninguna realidad diferente a la materia que vemos y tocamos.

2. EL HUMANISMO ATEO que considera que el hombre es el fin de sí mismo, el único dueño de su historia.

Ambas corrientes fundamentan diversas teorías y modos de pensamiento, que niegan la existencia de Dios unas veces explícitamente y otras tácitamente.

EL AGNOSTICISMO 

Finalmente, se opone al primer mandamiento, el AGNOSTICISMO, que es una teoría filosófica que aunque no niega directamente la existencia de Dios, afirma que es imposible para el hombre llegar a conocerlo. El agnosticismo implica la negación de la REVELACIÓN de Dios, fundamento de nuestra fe católica, y de la misma FE como camino para llegar al conocimiento de Dios.

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