ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

LA LITURGIA Segunda parte

LA LITURGIA:

CELEBRACIÓN

DEL MISTERIO PASCUAL DE JESÚS

“Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hechos de los Apóstoles 2, 42)

Las celebraciones litúrgicas que hacen de nuevo presentes los acontecimientos centrales de nuestra salvación y nos comunican las gracias que Jesús consiguió para nosotros con su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión al cielo, involucran cuatro elementos o aspectos básicos que es preciso tener en cuenta. Esos elementos son:

1. ¿Quién celebra?

2. ¿Cómo se celebra?

3. ¿Cuándo se celebra?

4. ¿Dónde se celebra?

¿QUIÉN CELEBRA?

Lo primero que debemos afirmar es que las celebraciones litúrgicas no son celebraciones particulares, individuales. Todo lo contrario. Las celebraciones litúrgicas son “acción” del “Cristo total”, es decir, celebraciones de toda la comunidad cristiana, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, unida a su Cabeza, Jesús Resucitado.

Las celebraciones litúrgicas son celebraciones de todo el pueblo santo de Dios, de la Iglesia entera, convocada y ordenada bajo la dirección de los Obispos, sucesores de los Apóstoles y representantes de Cristo.

Pero no todos los que participan en una celebración litúrgica tienen la misma función. Existen diversas funciones o tareas, y cada uno de los participantes debe actuar conforme a la función que le es propia.

En primer lugar está quien PRESIDE la celebración. Su misión es convocar a la comunidad y dirigir la acción litúrgica, haciendo las veces de Cristo, Cabeza de la Iglesia. Para desempeñar esta función de presidir las celebraciones litúrgicas es necesario haber sido consagrado por el Sacramento del Orden Sacerdotal, en uno de sus grados: Episcopado, Presbiterado o Diaconado, según el caso particular.

En segundo lugar están quienes por el Bautismo participan del sacerdocio común de los fieles, pero que también han recibido del Obispo una función especial, un ministerio particular para el servicio de la comunidad. Son quienes colaboran en la celebración como “AYUDANTES” de quien preside, es decir del Obispo, el Sacerdote o el Diácono, y desempeñan el cargo de lectores, acólitos, comentadores o animadores de la asamblea, y los que forman el coro.

Y en tercer lugar estamos quienes constituimos la ASAMBLEA litúrgica, la asamblea que celebra. También nosotros participamos del sacerdocio común de los fieles, por el Sacramento del Bautismo, pero no tenemos ninguna función especial. Nuestra única tarea es ser el pueblo de Dios que alaba y bendice a su Señor, bajo la orientación de sus Pastores.

Los Ministros consagrados que presiden la celebración, los fieles que desempeñan un ministerio particular, y quienes constituimos la asamblea litúrgica, formamos un todo único que representa una porción de la Iglesia universal, pero que celebra en íntima comunión con Ella.

¿CÓMO SE CELEBRA?

Todas las celebraciones litúrgicas emplean signos y símbolos, gestos y acciones simbólicas, y palabras, como elementos fundamentales e imprescindibles.

LOS SIGNOS Y SÍMBOLOS EN LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

Los signos y los símbolos son absolutamente necesarios para los hombres como seres corporales y espirituales a la vez. Los hombres necesitamos de ellos para comunicarnos, para percibir y expresar las realidades espirituales, y para establecer y desarrollar nuestras relaciones con Dios.

Una celebración litúrgica sacramental, como su mismo nombre lo dice, está tejida de signos y símbolos, los cuales tienen su origen en la creación, en la Antigua Alianza de Dios con Israel, en las acciones de Jesús y en la misma cultura humana.

Dios nos habla a los seres humanos a través de la creación visible, y la creación a su vez nos habla de Dios y simboliza su grandeza y su proximidad. Las realidades sensibles de la creación, son lugar de expresión de la acción de Dios en favor nuestro, y también, expresión de nuestras acciones de culto a Dios. El agua, la luz, el fuego, el viento, son elementos de la creación que, dadas ciertas circunstancias, llegan a significar la obra de Dios en nosotros.

Igual cosa sucede con los signos y símbolos de nuestra vida social. Lavar, ungir, partir el pan, compartir la copa, pueden expresar la presencia santificante de Dios y nuestra gratitud hacia El.

Cuando Dios selló la Alianza con el Pueblo de Israel, su pueblo, lo hizo por medio de signos, que recordaran siempre a Israel su pertenencia exclusiva a El. Algunos de estos signos de la Antigua Alianza son: la circuncisión, la unción y consagración de los reyes y sacerdotes, los sacrificios, la imposición de las manos, y sobre todo, la celebración de la Pascua.

En su predicación, Jesús se sirvió con frecuencia de los signos de la creación, para dar a conocer a sus oyentes los misterios del Reino de Dios, habló de la semilla, de la mostaza, de la levadura, del agua viva, de la luz, de la sal. En sus curaciones empleó signos materiales o gestos simbólicos como la imposición de las manos, la saliva, el barro, entre otros. Y con su misma vida dio un nuevo sentido a los hechos y a los signos de la Antigua Alianza, sobre todo al Éxodo y a la Pascua.

A partir de  Pentecostés,  el Espíritu Santo  realiza la santificación  de los hombres a través de los signos sacramentales de su Iglesia.

En las celebraciones litúrgicas sacramentales, la Iglesia integra y santifica elementos de la creación y de la cultura humana, dándoles la dignidad de signos de la gracia que Dios nos comunica en Jesucristo. Es el caso, por ejemplo del agua y la luz en el Bautismo, la unción con el aceite perfumado en la Confirmación y el Orden Sacerdotal, la comida del pan y el vino en la Eucaristía, y la imposición de las manos también en la Confirmación y el Orden Sacerdotal.  

LAS PALABRAS Y ACCIONES EN LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

Íntimamente unidas a los signos y símbolos en las celebraciones litúrgicas, están las palabras y los gestos y acciones simbólicas. Toda celebración sacramental es un encuentro con Dios nuestro Padre, en Cristo-Jesús, y por el Espíritu Santo, y este encuentro se hace diálogo, mediante las acciones y las palabras.  

Las celebraciones sacramentales integran y vivifican los signos y símbolos y las acciones simbólicas con expresiones o fórmulas especiales, que hacen presente y actuantes los acontecimientos de nuestra salvación. Cada celebración litúrgica sacramental tiene su “fórmula” particular, que, pronunciada por el Ministro celebrante, produce en quien recibe el Sacramento, la gracia que le es propia. Así ocurre, por ejemplo, en la celebración de la Eucaristía, en la que el Sacerdote que preside y celebra en nombre de Jesús, repite las palabras de la Ultima Cena: “Tomen y Coman, esto es mi cuerpo… Tomen y beban, esta es mi Sangre… Hagan esto en recuerdo mío…” (cf. Mateo 26, 26-28; Marcos 14, 22-24; Lucas 22, 19-20).

La Palabra de Dios es un elemento integrante e imprescindible en las celebraciones sacramentales, por eso Ella misma y todos los signos que hacen relación a Ella deben ser resaltadas adecuadamente. El Espíritu Santo permite que la Palabra de Dios sea comprendida, suscita la fe de quienes participan en la celebración, y realiza las maravillas de Dios que son anunciadas por Ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: