ESTA ES NUESTRA FE

Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

“¡Oh Yahvé, Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre por toda la tierra!” (Salmo 8, 1)

EL MUNDO INVISIBLE

Junto con el mundo visible, Dios creó también un mundo invisible de seres espirituales a quienes la Sagrada Escritura y la Tradición llaman ÁNGELES.

¿QUIÉNES SON LOS ÁNGELES?

Los ángeles son creaturas puramente espirituales, seres personales dotados de inteligencia y voluntad, e inmortales. Su perfección es mayor que la de todas las creaturas visibles. Su misión propia es dar gloria de Dios. 

En la historia de las relaciones de Dios con los hombres, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. “Héroes potentes, ejecutores de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Salmo 103, 20).

En la vida de Jesús, los ángeles desempeñan un papel importante, que comienza con el anuncio de la Encarnación y termina en la Ascensión.

La Iglesia primitiva se benefició repetidamente de la ayuda misteriosa y potente de los ángeles. Así podemos verlo en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Llenos de envidia echaron mano a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, los sacó y les dijo: ‘Vayan, preséntense en el templo y digan al pueblo todo lo referente a esta Vida’” (Hechos de los apóstoles 5, 18-20).

La Sagrada Escritura y la Tradición nos enseñan, que los hombres somos custodiados y protegidos por un ángel, desde el nacimiento hasta la muerte, el “ángel de la guarda”. El Salmo 91 canta:

“No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; que Él dará orden sobre ti a los ángeles de guardarte en todos tus caminos” (Salmo 91, 10-11).

Las representaciones de los ángeles que vemos en los libros y en las iglesias, no tienen nada qué ver con su realidad objetiva. Como seres espirituales, los ángeles no tienen cuerpo, son invisibles a nuestros ojos.

SATANÁS: UN ÁNGEL CAÍDO 

Pero no todos los ángeles permanecieron fieles a Dios, alabándolo y glorificándolo. La Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia nos enseña que algunos de ellos rechazaron su condición de creaturas y se rebelaron contra su Creador y Señor. Estos ángeles rebeldes son SATANÁS y los ESPÍRITUS MALOS o DEMONIOS.

Los Evangelios nos muestran de un modo especial en el episodio de las Tentaciones (Mateo 4, 1-11), el intento de Satanás de desviar a Jesús de la misión que Dios Padre le había encomendado. El Evangelio de San Marcos describe la vida y las obras de Jesús como una lucha permanente contra el diablo y los espíritus malignos, y San Juan afirma en su Primera Carta: “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3, 8).

La Sagrada Escritura nos atestigua la influencia dañina que Satanás ejerce contra los hombres, tratando de engañarnos para desviarnos del camino de Dios. Es “el padre de la mentira”, “homicida desde el principio”, dice San Juan (cf. Juan 8, 44).

Pero el poder de Satanás y de los espíritus malos, no es infinito. Son creaturas poderosas por su condición de espíritus, pero siempre creaturas, y como tales no pueden impedir definitivamente la edificación del Reino de Dios, aunque causen muchos males.

Con su muerte en la cruz y su resurrección, Jesús venció definitivamente a Satanás, y aunque Dios permita su actuación en nuestro mundo, la victoria final será del Bien contra el Mal.

Igual que ocurre con los ángeles, las representaciones que conocemos de los demonios, nada tienen que ver con la realidad, porque son espíritus, y por lo tanto, inaccesibles a nuestros sentidos.

 EL MUNDO VISIBLE 

Dios creó también el mundo material y visible en toda su riqueza, diversidad y orden. La Sagrada Escritura nos presenta esta obra de Dios de una manera simbólica, como un trabajo realizado en “seis días”, que termina con el descanso del “séptimo día”.

El sexto día Dios creó al hombre y a la mujer como los seres más importantes de la creación, y puso a su servicio todo lo que ya había creado.

El hombre y la mujer participamos del mundo visible en el que vivimos, porque somos un cuerpo, y participamos del mundo invisible, porque somos un alma espiritual e inmortal.

EL SER HUMANO 

La Sagrada Escritura nos dice que “Dios creó al hombre a su imagen… hombre y mujer los creó” (Génesis 1, 27). Esta afirmación trae consigo otras verdades que debemos conocer.

1. Por haber sido creados a imagen de Dios, los seres humanos somos capaces de conocernos a nosotros mismos y de relacionarnos con los otros, y somos también capaces de establecer una relación con Él.

2. Dios creó todo para nosotros los seres humanos, pero nosotros fuimos creados para servirlo y amarlo a Él y para ofrecerle toda la creación.

3. Los seres humanos somos seres corporales y espirituales a la vez. El principio espiritual se llama ALMA, y el principio material se llama CUERPO. El alma nos hace especialmente “imagen de Dios”, el cuerpo nos vincula al mundo en que vivimos. Cuerpo y alma íntimamente unidos forman LA PERSONA HUMANA

4. La Iglesia nos enseña que el alma es creada directamente por Dios, en el mismo instante de la concepción, y que es inmortal.

5. Debido a nuestro origen común, todos los hombres del mundo formamos una unidad. Esto quiere decir, que a pesar de la diversidad de razas, pueblos, y culturas, todos somos iguales en dignidad.

6. La diferencia de sexos, masculino y femenino, no indica ni superioridad ni inferioridad. “Ser hombre” y “ser mujer”, son dos modos complementarios de existir. El hombre y la mujer son “el uno para el otro”.

 7. En el matrimonio, Dios une al hombre y a la mujer, para que sean “una sola carne” (Génesis 2, 24), y puedan transmitir la vida humana.

8. Al transmitir la vida humana a sus descendientes, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra de Dios.

EL HOMBRE EN EL PARAÍSO 

El hombre y la mujer fueron creados buenos, en perfecta armonía consigo mismos, con la naturaleza que los rodeaba, y en amistad con Dios. Esta armonía del hombre y su amistad con Dios es lo que llamamos “santidad y justicia originales”, participación de la vida misma de Dios.

Mientras el hombre y la mujer permanecieron en esta profunda armonía, participando de la vida de Dios, su vida fue tranquila y feliz, en un perfecto dominio de sí. Cuando pecaron, introdujeron el desorden y el mal en el mundo.

 EL PECADO ORIGINAL 

El relato del primer pecado, que nos trae el tercer capítulo del Génesis, está escrito, como los relatos anteriores, en un lenguaje simbólico, lleno de imágenes, pero como ellos nos presenta también un hecho real, que tuvo lugar al comienzo de la historia humana y que la marcó definitivamente.

Al crear al hombre y a la mujer, Dios les dio su amistad, que ellos debían vivir como una libre sumisión a Él. Por eso les puso un límite que debían respetar: “De cualquier árbol del jardín, pueden comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal, no coman, porque el día que de él coman, morirán sin remedio” (Génesis 2, 17).

Pero el hombre y la mujer se dejaron seducir por el demonio, que les prometió: “Se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Génesis 3, 5). Entonces dejaron morir en su corazón la confianza en Dios, y abusando de la libertad, desobedecieron su mandato y así cometieron el PECADO ORIGINAL. A partir de este momento, una verdadera invasión de pecados inunda el mundo.

Las consecuencias del pecado original son muchas:

1. El hombre y la mujer perdieron la gracia y la santidad con que fueron creados.

2. La armonía del hombre con la creación, se rompió y la naturaleza se hizo hostil.

3. El hombre ya no es capaz de mantener el equilibrio entre el cuerpo y el alma.

4. Las relaciones entre el hombre y la mujer se ven marcadas por el deseo y el dominio, y sometidas a tensiones.

5. La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad.

6. Y por último, todos los hombres quedamos implicados en el pecado del primer hombre y la primera mujer.

El pecado original hirió la naturaleza humana, la debilitó y la sometió a la ignorancia, al sufrimiento y a la muerte, y la inclinó al mal. Esta inclinación al mal es lo que llamamos CONCUPISCENCIA. 

El Sacramento del Bautismo nos libra del pecado original y nos devuelve la vida de la gracia, pero nuestra naturaleza permanece inclinada al mal. Por eso nuestra vida se convierte en una verdadera lucha contra el pecado.

LA SALVACIÓN EN CRISTO 

Después del pecado, Dios no nos abandonó. Por el contrario, anunció de modo misterioso, su victoria sobre el mal. Dijo a la serpiente, figura de Satanás: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza, mientras acechas tú su calcañar” (Génesis 3, 15). Este pasaje del Génesis recibe el nombre de PROTOEVANGELIO, por ser el primer anuncio del Mesías Salvador, hijo de mujer que combatirá y vencerá al diablo.

María, la madre de Jesús, fue la primera beneficiada con la victoria que Jesús alcanzó sobre el pecado. Fue preservada del pecado original desde su concepción, y por una gracia especial de Dios, no cometió ningún otro pecado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: