Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

LA CONFIRMACIÓN

LA CONFIRMACIÓN,

DON DEL ESPÍRITU SANTO

“Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”  (Hechos de los Apóstoles 8, 17)

El Sacramento de la Confirmación es el segundo sacramento de iniciación cristiana. Recibir el Sacramento de la Confirmación es necesario para conseguir la plenitud de la gracia bautismal.

LA CONFIRMACIÓN: PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO

En el Antiguo Testamento los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado, para fortalecerlo en la realización de su misión salvadora. “Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Yahvé…” (Isaías 11, 1-2).

Cuando Jesús fue bautizado por Juan, en el río Jordán, el Espíritu de Dios descendió sobre El, en forma de paloma. Este fue el signo de que Jesús era el que debía venir, el Mesías esperado, el Hijo de Dios.

Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo, y toda su vida, toda su misión, estuvo siempre bajo la acción del Espíritu Santo, en íntima comunión con El.

Jesús fue consciente de esta presencia del Espíritu de Dios en El, y así lo proclamó. El Evangelio de San Lucas nos lo refiere: “Vino Jesús a Nazaret donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollándolo, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, para dar la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de gracia del Señor’. Enrollando el volumen, lo devolvió al ministro, y dijo: ‘Esta Escritura que acaban de oír, se ha cumplido hoy’” (Lucas 4, 16-21).

Pero esta plenitud del Espíritu de Dios no debía permanecer sólo en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico, el pueblo de la promesa y de la alianza. Así lo había anunciado Dios por boca del profeta Ezequiel: “Les daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes, y haré que se conduzcan según mis preceptos, y observen y practiquen mis normas” (Ezequiel 36, 26-27).

También Jesús, en repetidas ocasiones prometió enviar su Espíritu a sus Apóstoles y seguidores, y así lo cumplió primero el día de Pascua, y de un modo más manifiesto el día de Pentecostés. “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas según el Espíritu Santo les concedía expresarse” (Hechos de los Apóstoles 2, 1-4)

Llenos del Espíritu, los Apóstoles comenzaron a proclamar la resurrección de Jesús, su Maestro, y a anunciar la necesidad de convertirse y recibir el Bautismo para el perdón de los pecados. Después comunicaban a los convertidos bautizados el don del Espíritu Santo, mediante la imposición de las manos, para completar la gracia del Bautismo. “Al enterarse los Apóstoles que estaban en Jerusalén, de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos de los Apóstoles 8, 14-17).

Esta imposición de las manos que hacían los Apóstoles sobre quienes ya habían sido bautizados, es, precisamente, el origen del Sacramento de la Confirmación. La Confirmación perpetúa en la Iglesia la gracia de Pentecostés.

Para significar mejor el don del Espíritu Santo, muy pronto, se unió a la imposición de las manos, una unción con óleo perfumado, o Crisma. Esta unción ilustra el nombre de “cristiano”, que tiene su origen en el nombre de Cristo, que significa “ungido”.

LOS SIGNOS Y EL RITO DE LA CONFIRMACIÓN

Dos son los signos que se destacan en la celebración del Sacramento de la Confirmación: la Unción con el Crisma y la Imposición de las manos.

En el simbolismo antiguo, la unción tiene múltiples significaciones: el aceite es signo de abundancia y de alegría, purifica y da agilidad, es signo de curación porque suaviza las contusiones y las heridas, y quien es ungido irradia belleza, santidad y fuerza. Todas estas significaciones de la unción con aceite, se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo, con el Óleo de los catecúmenos, significa purificación y fortaleza; la Unción de los enfermos expresa curación y consuelo; la unción con el Santo Crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación sacerdotal, es signo de una consagración.

Por la Unción con el Crisma, la persona que es confirmada, recibe la “marca”, el “sello” del Espíritu Santo, que lo identifica como perteneciente a Cristo y lo lleva a participar más plenamente en su misión y en la plenitud del Espíritu Santo que Jesucristo posee. De este modo está consagrado para que a lo largo de su vida desprenda el “buen olor de Cristo”, como dice San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios: “Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden” (2 Corintios 2, 15).

CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN

La celebración del Sacramento de la Confirmación tiene cuatro partes:

1. Ritos Iniciales

2. Liturgia de la Palabra

3. Liturgia del Sacramento

4. Ritos de conclusión

Los RITOS INICIALES comprenden el Saludo, el Acto Penitencial y la Oración Colecta en la que el celebrante pide la efusión del Espíritu Santo para quienes son confirmados.

La LITURGIA DE LA PALABRA pone de presente en las diversas lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, la acción que el Espíritu Santo realiza en el mundo, y en la Iglesia, comunidad de salvación.

La LITURGIA DEL SACRAMENTO comienza con la PRESENTACIÓN DE LOS CANDIDATOS. El Párroco, representante de la comunidad eclesial, presenta al Obispo, Ministro del Sacramento, a cada uno de los que van a ser confirmados, y da testimonio de que se encuentran debidamente preparados; y se compromete, junto con los padres y padrinos, y toda la comunidad, a continuar su educación en la fe y a propiciar el ejercicio de su misión como católicos confirmados.

En seguida tiene lugar la RENOVACIÓN DE LOS COMPROMISOS BAUTISMALES: la renuncia a Satanás y al pecado, y la profesión de fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En tercer lugar se realiza la IMPOSICIÓN DE LAS MANOS. El Obispo extiende las manos sobre todos los que van a ser confirmados, y ora pidiendo la efusión del Espíritu Santo. Este gesto de la Imposición de las manos proviene del tiempo de los Apóstoles, y significa precisamente la comunicación del don del Espíritu Santo.

El rito esencial del Sacramento de la Confirmación, es la UNCIÓN CON EL SANTO CRISMA. El Obispo realiza la unción en la frente, imponiendo la mano sobre la cabeza de quien es confirmado, mientras le dice: “N… Recibe por esta señal, el don del Espíritu Santo”.

El signo de la cruz que el Obispo marca en la frente del confirmado, con el Santo Crisma, es el sello indeleble distintivo del cristiano, que le recuerda que es testigo de Cristo, y que debe estar preparado para dar su vida por El, si es necesario.

El SALUDO DE PAZ (palmada en la mejilla) con el que concluye el rito del Sacramento, significa y manifiesta la comunión del Obispo y todos los fieles.

La celebración termina con los RITOS DE CONCLUSIÓN que comprenden la Oración de despedida y la Bendición Solemne.

EFECTOS DE LA CONFIRMACIÓN:

De la celebración del Sacramento de la Confirmación se puede deducir, que el efecto del Sacramento es la efusión plena del Espíritu Santo, como fue concedida a los Apóstoles el día de Pentecostés.

La Confirmación

- nos hace crecer y profundizar la gracia que recibimos en el Bautismo;

- nos hace más profundamente hijos de Dios;

- nos une más firmemente a Cristo;

- aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;

- hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;

- y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe como verdaderos testigos de Cristo, con las palabras y con las obras.

La Confirmación, como el Bautismo, sólo se recibe una vez, porque imprime en quien lo recibe, una marca indeleble, la marca de Cristo, que no se borra jamás.

QUIÉN PUEDE RECIBIR EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN 

Puede y debe recibir el Sacramento de la Confirmación, todo cristiano bautizado y que aún no ha sido confirmado. Sin el Sacramento de la Confirmación, el Sacramento del Bautismo, aunque es válido y eficaz, queda incompleto.

La preparación para recibir el Sacramento de la Confirmación, debe tener como meta, conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo y a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, para que pueda asumir mejor las nuevas responsabilidades apostólicas de la vida cristiana.

Para recibir el Sacramento de la Confirmación es necesario estar en gracia, es decir, sin pecado grave. Conviene recibir el Sacramento de la Penitencia como medio de purificación en atención al Espíritu Santo. Y es preciso orar con mayor intensidad, para recibir con docilidad y disponibilidad las gracias que comunica el Espíritu Santo.

QUIÉN PUEDE CONFIRMAR

El Ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo. Esta designación está fundamentada en que los Obispos son los sucesores de los Apóstoles, y han recibido la plenitud del Sacramento del Orden.

Por razones graves, el Obispo puede conceder a un Sacerdote la facultad de administrar el Sacramento de la Confirmación. Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier Sacerdote puede y debe administrarle el Sacramento de la Confirmación.

CONCLUSIÓN 

Recibir el Sacramento de la Confirmación nos compromete de una manera muy especial, a difundir y a defender nuestra fe, es decir, a hacernos verdaderos testigos de Jesús con las palabras y con la vida. El Sacramento del Bautismo nos compromete a seguir a Jesús, a buscar ser como El, el Sacramento de la Confirmación va más allá, no sólo nos corresponde seguir a Jesús, sino también y muy especialmente, darlo a conocer a los demás, dar testimonio de El en el lugar en el que vivimos, a las personas que comparten con nosotros su vida, así como El dio testimonio del Padre.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

%d personas les gusta esto: