EL BAUTISMO

 EL BAUTISMO,

UN NUEVO NACIMIENTO

  • ¿Estás pensando en bautizar a tu hijo?… ¿Por qué?… ¿Para qué?…
  • ¿Qué significa para ti el Bautismo?… ¿Qué sabes de él?…
  • ¿Qué valor has dado en tu vida a tu propio Bautismo?…

Llevar a un hijo a la Iglesia para que lo bauticen, es una cosa muy seria, hay que pensarlo muy bien.

No se bautiza así, no más. Hay que tener buenas razones para hacerlo. ¿Cuáles son tus razones?

Cuando los padres llevan un hijo a bautizar, están celebrando su propio Bautismo, y todo lo que este sacramento significa: el compromiso serio de seguir a Jesús en cada momento y circunstancia de la vida, sabiendo que en quien ha sido unido a Cristo por el Bautismo, no hay ya lugar para el pecado.

“Vayan por todo el mundo y proclamen la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea, se condenará” (Marcos 16, 15-16)

¿QUÉ ES EL BAUTISMO?

El Bautismo es un SACRAMENTO.

Los sacramentos son acciones simbólicas que hacen presente para nosotros la acción salvadora de Dios, en los diferentes momentos de nuestra vida. En los sacramentos Dios nos comunica su vida divina, para que seamos y vivamos como verdaderos hijos suyos.

En los sacramentos, Dios – Padre, Hijo, y Espíritu Santo – acontece en nosotros, obra en nosotros con toda su capacidad divina, y nos transforma desde dentro de nosotros mismos, para que seamos cada vez más imagen suya, transparencia de Jesús resucitado.

Acercarnos a recibir un sacramento nos exige ser dóciles a la acción de Dios, abrirle nuestro corazón, y permitirle obrar en él.

Por el sacramento del Bautismo, Dios acontece en nosotros y por este acontecer:

  • nos perdona el pecado original,
  • nos hace sus hijos, miembros de su familia que es la Iglesia,
  • y nos comunica por primera vez su vida divina, para que nosotros la hagamos crecer y dar fruto.

El Bautismo es el sacramento de la fe:

1. porque exige que los padres y los padrinos crean y vivan su fe, para que garanticen la formación cristiana de su hijo y ahijado;

2. porque comunica a quien lo recibe, el don de la fe, que le permite adherirse a Jesucristo, para seguirlo en todo, a lo largo de la vida.

“En verdad te digo: el que no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3, 5)

EL COMPROMISO BAUTISMAL

El Bautismo no es un sacramento que se recibe, y allí se acaba todo. No es una acción concluida. Todo lo contrario. El Bautismo inicia una dinámica diaria: responder a lo que es ser hijo de Dios.

El Bautismo compromete totalmente la vida de quien lo recibe; es un sacramento que hay que vivir cada día, cada hora, cada minuto, cada instante; un sacramento que nos hace solidarios con la vida y la muerte de Jesús. San Pablo nos dice en su carta a los creyentes de la ciudad de Roma:

“¿O es que ustedes ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el Bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6, 3-4)

Bautizar es  una palabra griega que significa “sumergir”. Bautizarse es sumergirse en la muerte de Jesús, para resucitar con él a una vida nueva, la vida de la gracia, la vida de Dios.

Esto quiere decir que quien recibe el Bautismo no puede ser ya una persona cualquiera, sino que tiene que hacerse uno con Jesús crucificado y resucitado; un hombre nuevo, un hombre de Dios, y por lo tanto, vivir como Jesús vivió, entregarse como él se entregó, servir como él sirvió, amar como él amó.

“Los que han sido incorporados a Cristo por el Bautismo, se han revestido de Cristo” (Gálatas 3, 27) 

LA CELEBRACIÓN DEL BAUTISMO

Celebrar el Bautismo es celebrar la salvación que Jesús consiguió para nosotros con su muerte y su resurrección; por eso la celebración del Bautismo es siempre alegre y festiva. El sacerdote usa vestiduras litúrgicas de color blanco, símbolo de alegría y de pureza.

El rito bautismal tiene cuatro momentos que son:

1. Rito de acogida

2. Liturgia de la Palabra

3. Liturgia del Sacramento

4. Rito de conclusión.

El rito de acogida se realiza generalmente en la puerta de la iglesia.

  • El sacerdote – o el diácono – recibe al niño que es llevado por sus padres y padrinos, tiene un diálogo con ellos y les recuerda sus responsabilidades;
  • admite al niño para que reciba el sacramento, y traza sobre su frente el signo de la cruz, en señal de su consagración a Dios;
  • el niño es marcado  con el signo del crucificado. A partir de este momento será su seguidor.

La liturgia de la Palabra  se realiza ya dentro de la iglesia.

  • El sacerdote proclama la Palabra de Dios, que resalta el valor del sacramento y los compromisos que adquiere quien lo recibe;
  • hace una breve homilía;
  • dirige la Oración Universal o de los fieles y las Letanías de los santos;
  • y por último reza la Oración de Exorcismo, y unge al niño en el pecho con el Óleo de los Catecúmenos, que significa la protección especial que Dios da al niño, contra el mal que nos acecha a todos.

La liturgia del Sacramento se realiza cerca a la Pila Bautismal y el Cirio pascual encendido, figura de Cristo Resucitado. Es el centro de la celebración.

  • El sacerdote bendice el agua, con la cual se va a realizar el Bautismo;
  • los padres y los padrinos, en nombre del niño, hacen la renuncia a Satanás, y todo lo que de él provenga, y la Profesión de fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo;
  • el sacerdote derrama el agua en la cabeza del niño, mientras le dice: “… Yo te bautizo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

El agua, la acción del sacerdote y sus palabras, son signo de la obra de salvación que Dios realiza en el niño.

  • El sacerdote unge al niño con el Óleo Sagrado o Crisma, que significa la consagración del nuevo hijo de Dios, para una misión muy concreta: vivir y anunciar a Jesús muerto y resucitado.
  • La imposición de la vestidura blanca indica cómo este nuevo hijo de Dios debe conservar sin mancha su dignidad especial, y evitar el pecado.
  • Los padres y padrinos encienden el cirio que llevan en la luz del Cirio pascual, como señal de su responsabilidad de ayudar al niño a crecer y vivir en la fe.

El rito de conclusión comprende:

  • el rezo del Padre Nuestro, la oración de los hijos de Dios,
  • la oración conclusiva,
  • y la bendición solemne.

“Todos nosotros… hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo” (1 Corintios 12, 13)

 VIVIR EL BAUTISMO ES:

  • Dar a Dios el primer lugar en la vida, sin temor a las consecuencias.
  • Luchar contra el pecado en todas sus formas, procurando hacer el bien siempre y en todo.
  • Vivir el Mandamiento del amor: amor a Dios sobre todas las cosas, y amor a los hermanos, sin límites ni excusas.
  • Hacerse servidor generoso y humilde de todas las personas, en especial de las más necesitadas, como lo hizo Jesús a lo largo de su vida.
  • Ser siempre honesto, susto, sincero, veraz, porque Dios es la Verdad.
  • Anunciar con las palabras y con la vida, la buena noticia de la salvación, el Evangelio: Jesús murió y resucitó para salvarnos.

Por el Bautismo, el hombre viejo, el hombre pecador, cautivo del egoísmo, de la pereza, del odio, de la violencia, de la soberbia, del orgullo… debe morir, para dar lugar al hombre nuevo, el hombre de Dios, llamado a vivir como Jesús, en el amor, el perdón, la verdad, la justicia y la paz.

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