Un lugar para conocer las verdades fundamentales de la fe católica

LA BIBLIA

LA BIBLIA,

PALABRA DE DIOS A LOS HOMBRES

DE TODOS LOS TIEMPOS

La palabra “Biblia” viene del griego “biblos”, que significa “libro”.

La Biblia es un conjunto de libros que, para los cristianos. recoge lo que Dios ha revelado de sí mismo, a los hombres, desde que el ser humano tuvo conciencia de sí y del mundo que habita, hasta Jesús, en quien esa revelación llega a su plenitud.

Por esta razón, la Biblia se llama también SAGRADA ESCRITURA, y merece nuestra atención y nuestro respeto..

La Biblia está dividida en dos grandes partes: el Antiguo Testamento, o Primer Testamento, que refiere la historia de Israel, el pueblo al que Dios se le reveló de una manera especial. Y el Nuevo Testamento que nos cuenta la historia de Jesús, el Hijo encarnado de Dios, su vida y su misión, y el nacimiento y desarrollo de la Iglesia primitiva, a partir de los apóstoles.

En total, los libros de la Biblia son 73; 46 del Primer Testamento y 27 del Nuevo. Todos ellos están escritos en estilos literarios diferentes, según las costumbres de la época en la que fueron escritos, y lo que nos quieren enseñar.

La Biblia comenzó a escribirse en tiempos de Moisés, más o menos en el año 1300 antes de Cristo, y terminó de escribirse cerca del año 100 después de Cristo.

¿CÓMO NACIÓ LA BIBLIA?     

En la formación de la Biblia podemos hablar de tres momentos especiales:

  1. El acontecimiento que sucedió y en el que se descubrió la presencia y la acción de Dios en favor de su pueblo;
  2. La memoria de ese acontecimiento, que se hizo primero de manera oral; los padres contaban a sus hijos lo que había sucedido, y cómo Dios estaba presente en ese acontecimiento;
  3. La escritura, que permitió conservar la memoria del acontecimiento y de los personajes que en él intervinieron, hasta nuestros días.

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?    

La Biblia es el producto de un trabajo colectivo, en el que intervinieron muchas personas, a lo largo de mucho tiempo. El Primer Testamento fue escrito por los profetas, los sabios, y los historiadores de Israel; el Nuevo Testamento fue escrito por los evangelistas, discípulos de los apóstoles, y por san Pablo y sus discípulos. Todos ellos, iluminados y dirigidos por el Espíritu Santo, que es luz de Dios y maestro de la verdad.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución dogmática sobre la Divina Revelación, nos dice:

“Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. (…) Pero en la redacción de los libros sagrados Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que, obrando Él en ellos y por ellos, escribieron como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería” (Dei Verbum N.11)

¿DÓNDE SE ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

El Antiguo Testamento se escribió en Israel, Babilonia (en el actual Irak), y Egipto.

El Nuevo Testamento se escribió en Palestina, Siria, Asia Menor (actual Turquía), Grecia y Roma.

¿EN QUÉ IDIOMAS SE ESCRIBIÓ?

La Biblia se escribió en tres idiomas diferentes:

HEBREO: la mayor parte del Primer Testamento.

ARAMEO: los textos escritos después del exilio, como algunas partes del libro de Daniel y el libro de Ester.

GRIEGO: unos pocos libros del Primer Testamento, como la Sabiduría, y todo el Nuevo Testamento..

A finales del siglo IV, san Jerónimo tradujo la Biblia al latín, y de allí se hicieron las versiones en los distintos idiomas. La traducción de san Jerónimo se conoce con el nombre de Vulgata.

La Biblia fue el primer libro que se imprimió, cuando Gutemberg inventó la imprenta, entre 1450 y 1456.

¿QUÉ REPRESENTA LA BIBLIA PARA LOS CATÓLICOS?

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE?

Es un hecho que no podemos negar, que nuestros hermanos separados, nos llevan a los católicos, una enorme ventaja en el aprecio y estudio de la Biblia, y que esto tenemos que corregirlo.

La Biblia debe ser, sin duda, para todos los católicos,  nuestro “libro de cabecera”, porque en él es Dios mismo quien nos habla, y nos enseña quién es él, cuánto nos ama, y qué espera de nosotros.

De la misma manera que nuestra fe no puede crecer si no se alimenta de la Eucaristía, presencia viva de Jesús en el pan y el vino consagrados, tampoco puede hacerlo sin la lectura de la Biblia, en la que Dios se hace presente en medio de nosotros por su Palabra que es “viva y eficaz”.

Una pequeña historia puede ayudarnos acomprender la importancia de la Biblia en nuestra vida de fe.

UNA HISTORIA QUE ENSEÑA:

EL CANASTO DE CARBÓN

Cuentan que un anciano vivía en una granja en las afueras de la ciudad, con su nieto, un muchacho joven que le ayudaba en el trabajo del campo.

Cada mañana, antes de empezar sus labores, el abuelo se sentaba en la mesa de la cocina con su vieja y estropeada Biblia, y leía durante un rato.

El nieto, que admiraba mucho a su abuelo y quería parecerse a él, intentó imitarlo durante algunos días, pero al cabo de ellos le dijo:    “Abuelo, yo intento leer la  Biblia, me gusta pero no la entiendo, y lo que logro entender se me olvida en cuanto cierro el libro. ¿Para qué entonces debo gastar tiempo en leerla?”.

El abuelo, dejó su trabajo y le dijo: “Busca el canasto de carbón, ve al río y tráeme un canasto de agua”.  El muchacho hizo tal y como su abuelo le mandó, aunque toda el agua que recogió se salió del canasto antes de que pudiera volver a la casa. 

El abuelo, al verlo, se rió y le dijo: “Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”. Y lo mandó de nuevo al río, con el canasto, para que realizara su tarea. Esta vez el muchacho corrió más rápido, pero de nuevo el canasto estaba vacío antes de que llegara  a la casa.

Ya sin respiración, el muchacho le dijo a su abuelo que era imposible llevar agua en un canasto, y  fue a conseguir un  balde. Pero el abuelo le dijo: “Hijo, yo no quiero un balde de agua; yo quiero un canasto de agua. Esfuérzate más”.

Nuevamente, el muchacho puso todo su empeño en dar gusto a  su abuelo, haciendo lo que le pedía, pero finalmente le dijo:”¡Mira abuelo, es inútil!”.  “¿Por qué piensas que es inútil”?, le respondió el anciano. Mira dentro del canasto”.

El muchacho miró el canasto y comprendió que el canasto parecía diferente.  En lugar de un sucio canasto carbonero, tenía en sus manos un canasto limpio. Entonces el abuelo le explicó: “Hijo  esto es lo que pasa cuando tú lees la Biblia.  Tal vez no puedes  entender o recordar todo, pero hacerlo te cambiará el interior. Esa es la obra que Dios realiza en nuestras vidas, para cambiarnos desde adentro y lentamente transformarnos  en la imagen de su Hijo”. 

La Carta a los Hebreos nos dice:

 “Ciertamente, es viva la Palabra de Dios  y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Hebreos 4, 12)

Y el Concilio Vaticano II:

“Es tanta la eficacia que radica en la Palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual” (Dei Verbum N. 21)

¿CÓMO DEBEMOS LEER LA BIBLIA?

Para leer la Biblia con el mayor provecho posible, debemos:

  1. Al comenzar, hacer una pequeña oración pidiendo al Espíritu Santo, nos ayude a penetrar en su mensaje.
  2. Tener muy claro que la Biblia no es un libro científico, sino un libro religioso, una experiencia de fe, y que, por lo tanto, no puede darnos explicaciones que corresponden a la ciencia.  Además, muchos pasajes de la Biblia están escritos en lenguaje simbólico, que no se puede interpretar al pie de la letra.
  3. Leerla con regularidad, cada día, durante un tiempo determinado, que puede ser muy corto: 15 ó 20 minutos.
  4. Leerla sin desanimarnos, aunque al principio no nos sea fácil porque no la entendemos, o porque nos parece “rara”.
  5. Comenzar por lo que es más cercano a nosotros: los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles.
  6. Leer las explicaciones que están en las notas, en la parte de abajo de cada página; nos ayudan a comprender muchas cosas.
  7. Buscar ayuda cuando tengamos una duda especial.
  8. Meditar y orar con ella y apartir de ella.
  9. Leerla con tranquilidad, en un lugar silencioso, despacio .
  10. Tener la certeza, en el corazón y la mente, de que en la Biblia es Dios mismo quien nos habla y nos da a conocer su voluntad de amor para con nosotros.  Recordar que el centro de la Biblia es Jesús; todo confluye en él.

CUANDO…    BUSCA Y LEE…

Quieras pensar en el amor de Dios: Lucas 15, 11-32

Desees conocer el programa de vida que  Jesús nos propone: Mateo 5-6-7

Buscas profundizar en el Misterio Eucarístico: Juan 6, 32 ss

Desees saber cómo debes amar: 1 Corintios 13

Sientes que tu fe vacila: Juan 14

Tienes  que  enfrentar  la  muerte  de  un  ser    querido:  1 Tesalonicenses 4, 13-18; 1 Corintios 15

Necesitas paz y descanso: Mateo 6, 28-30

Padeces algún sufrimiento, y necesitas orar: Lucas 22, 39-44

Tienes miedo: Salmo 23 (22)

Deseas pedir perdón a Dios: Salmo 51 (50)

Necesitas dar gracias a Dios por su amor y su bondad: Salmo 103 (102)

Quieres alabar a Dios: Salmo 104 (103)

Tu fe necesita ser activada: Hebreos 11.

 

 

 

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